Esta semana en ‘Babelia’: Sylvia Plath, retrato de la poeta adolescente

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Sylvia Plath, en sus propias palabras

Por Álex Vicente

Plath por correspondencia. “Creo que mi cabeza aún no ha aceptado que ya no tengo 17 años. Me siento muy vieja con 18; me siento engañada”. Sylvia Plath, una de esas niñas que descubren antes de tiempo los oscuros abismos de la existencia, escribió esa frase en una carta enviada en 1951 a Marcia B. Stern, su compañera de cuarto en el Smith College, que más tarde inspiró su poema Las niñeras. Aparece al final del primer volumen de su correspondencia privada, Cartas de Sylvia Plath (1940-1951), un conjunto de casi 500 páginas repletas de misivas que permanecían inéditas en castellano. Es el primero de los cinco tomos que publicará la editorial Tres Hermanas, centrado en los años de infancia y adolescencia, y esta semana ocupa nuestra portada, con un artículo del poeta, ensayista y traductor Jordi Doce, que logra entrever en esas cartas los rasgos fundamentales de la poeta adolescente.

Plath era entonces una joven con ganas de agradar e impresionar, competitiva en el ámbito escolar “me moría por ver los trabajos de las otras y me sorprendió ver que solo uno estaba a la altura del mío”, escribe en 1946, obsesionada con el dinero y la comida, aficionada al dibujo y la lectura, y autora de un puñado de versos que parecen anunciar su poderoso imaginario poético. Entre líneas, también se detecta una relación asfixiante y enfermiza con su madre, que “preludia y explica en parte la “intensidad claustrofóbica”, según los propios implicados, de su relación con Ted Hughes”, aunque esa ya sea otra historia. Además, publicamos tres cartas pertenecientes al libro, junto con sus manuscritos originales, y una reseña de la nueva edición de Ariel (Nórdica), el libro que le confirió la fama y el prestigio crítico en 1965, dos años después de que Plath decidiera terminar con su vida metiendo la cabeza en un horno de gas.

El periodista que asesinó a su mujer y otros libros de la semana. Nuestro libro de la semana es El hijo del chófer (Tusquets), de Jordi Amat, un retrato tenebroso que explora la historia de Alfons Quintà, el influyente periodista catalán que se quitó la vida en 2016 después de matar a su esposa. El zapatero y su hija (Crítica), de Conor O’Clery, narra el exilio de una familia a Siberia, tierra de gulags, bajo el régimen comunista y describe cómo las decisiones políticas y el poder de los burócratas afectan a la vida de las personas. En Diario (Eterna Cadencia), Édouard Levé erige una personal crónica de la actualidad a partir de informaciones vomitadas por los medios de comunicación, mientras que Recuerdos de un jardinero inglés (Periférica), de Reginald Askell, narra con sencillez y empatía la vida de un hombre honesto, digno y entrañable. Y, sobre todo, británico hasta la médula.

Pongamos que habla de Madrid. Andrés Trapiello publica Madrid (Destino), un libro en el que cruza sus memorias personales con las de la ciudad más desmemoriada, a la que llegó “el día más importante” de su vida. En esta entrevista firmada por Manuel Jabois, el escritor leonés recuerda sus cinco décadas en una urbe donde todo tiene caducidad corta y “lo que brilla lo hace como un fósforo, un fulgor que se agota pronto porque viene otro fulgor parecido”. Trapiello pasa revista a los madrileños de nacimiento o adopción que han escrito las grandes páginas de su historia, desde Felipe II, Azorín y Largo Caballero hasta Sabina, Almodóvar y Umbral (y recuerda que aquello de la Movida venía, en realidad, de “moverse para ir a buscar droga”). Además, el escritor propone un recorrido, en exclusiva para nuestra web, por los rincones de la ciudad más cargados de historia.

Memorias narcóticas de Ibiza. El libro Balearic. Historia oral de la cultura de club en Ibiza (Contra), firmado por Luis Costa y Christian Len, propone un recorrido, a través de las opiniones y los recuerdos de 80 voces autorizadas, por la historia de la isla balear a lo largo de seis décadas de fiesta y fragor. Este reportaje de Bruno Galindo arranca en 1958, cuando antiguos militares, artistas, estibadores del puerto y otros diletantes se reunían en el Domino para escuchar jazz a todo volumen y termina con el apogeo de los DJ estelares en los últimos años, como David Guetta y compañía, que tal vez dan fe de su inevitable decadencia. Por el camino, el texto se detiene en la llegada de los hippies, esos peluts a quienes los payeses ibicencos alquilaban las casas sin electricidad en las que ya no querían vivir. Y, más tarde, en la era dorada del privé, las gogós y el champán durante el apogeo de clubes como Pachá o Space. Contra todo pronóstico, sus protagonistas siguen acordándose de todo.

Del catálogo de Invitadas a las cicatrices alemanas. La sección de arte da otra vuelta de tuerca a la gran exposición de la temporada, Invitadas, en el Museo del Prado, con este análisis comparativo de la muestra y de su asombroso catálogo. Además, entrevistamos al director alemán Christian Petzold, que acaba de estrenar Ondina, una puesta al día del mito romántico de las sirenas fluviales en la que vuelve a indagar en las heridas mal cicatrizadas del pasado de su país. Petzold denuncia la voluntad de borrar las partes incómodas de la historia alemana. “Es como borrar la palabra nigger de las páginas de Huckleberry FInn: significa que ya no somos capaces de soportar la complejidad de la historia”, sostiene en esta conversación.

Las grandes firmas de opinión. Antonio Muñoz Molina analiza el cansancio narrativo que nos asalta a estas alturas de la pandemia, provocada por el hecho de no tener un desenlace claro a la vista. “No hace falta que un final sea feliz. Basta con que sea un final. Borrón y cuenta nueva”, escribe en su columna semanal. Manuel Rodríguez Rivero lanza un aviso de socorro: se nos echa encima la temporada de máxima oniomanía (compulsión por comprar). La tribuna libre de la semana está firmada por Cecilia Dreymüller, que recuerda el centenario de Paul Celan. Y, antes de terminar, Manuel Rivas, que publica Zona a defender (Alfaguara), nos concede una entrevista en pocas palabras, en la que sostiene que concedería el premio Cervantes “a Federico Garcia Lorca, in memoriamy que jamás aceptaría el encargo “de excusar a un rey corrupto”.

Lo mejor de nuestra web. Además, destacamos tres contenidos de esta semana en la web de Babelia. En este artículo, recordamos los grandes libros y películas relacionados con el ajedrez, gran metáfora del mundo, ahora que la serie Gambito de dama (Netflix) ha vuelto a poner el juego en todas las bocas. También reseñamos la nueva biografía de Debussy, que considera al compositor francés como el mayor precursor de la música del siglo XX (de manera errónea, según nuestro crítico). Y la artista Teresa Lanceta recuerda, a raíz de la polémica provocada por Miquel Barceló, cómo llegó una de sus telas a la Moncloa, donde cuelga a las espaldas del salón de invitados en el que Pedro Sánchez sienta a los líderes de la oposición, de Pablo Casado a Inés Arrimadas. ¿Su primera reacción cuando se lo comunicaron? “Me reí”, relata Lanceta, que confirma que el presidente del Gobierno había exigido colgar «obras de mujeres». Ella podría ser, después de todo, otra invitada más.

Sylvia Plath, en sus propias palabras
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Cómo llegó mi obra a la Moncloa
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